Nutrición para niños y adolescentes atletas

Los requerimientos diarios de proteínas por unidad de peso son mayores para los niños que para los adultos para facilitar el desarrollo y el crecimiento. Sin embargo, no esta claro si los niños atletas necesitan mas proteínas que los niños inactivos para un crecimiento y desarrollo normal o para un rendimiento optimo.

Los niños requieren mas energía que los adolescentes o los adultos durante las actividades deportivas que incluyen caminar o correr y posiblemente en otros movimientos. Comparados con los adultos, los niños y adolescentes emplean mas grasas y menos carbohidratos durante el ejercicio prolongado. Se debe prestar especial atención a la deshidratación voluntaria en niños quienes se ejercitan en climas calientes y húmedos. Para estimular la ingesta la bebida debe tener buen sabor e incluir pequeñas cantidades de cloruro de sodio.

Introducción

Al igual que los adultos, los niños atletas necesitan una nutrición adecuada para mantener la salud y mejorar el rendimiento. Pero a diferencia de los mayores, la nutrición de los mas jóvenes debe cubrir las necesidades del crecimiento y desarrollo. Esta revisión no pretende examinar la adecuación de la ingesta nutricional actual entre los jóvenes atletas, ni sus patrones de alimentación. Para mayor información sobre estos aspectos consulte las revisiones de Nelson-Steen (1996) y Loosli y Benson (1990) y artículos relacionados con jóvenes gimnastas (Benardot y col., 1989; Ersoy, 1991), corredores (Schemmel y col., 1988), patinadores (Delistraty y col., 1992; Ziegler y col., 1998) y luchadores (Schemmel y col., 1988). El foco de esta revisión tratará sobre los aspectos nutricionales que son específicos para el atleta en crecimiento: Necesidades de energía y proteínas, utilización de carbohidratos y grasas como fuente de energía durante el ejercicio y el mantenimiento de un adecuado balance de fluidos y electrolitos.

REVISIÓN DE LAS INVESTIGACIONES

Necesidades de proteínas para el atleta en crecimiento

Para los adultos una adecuada ingesta de proteínas es definida como la cantidad mínima necesaria para mantener el balance de nitrógeno. Por el contrario, los niños y adolescentes deben conservar un balance de nitrógeno positivo (ej. Una ingesta mayor a su utilización) para mantener el crecimiento y desarrollo de los órganos y tejidos del cuerpo. Como resultado, mientras en los adultos la ingesta recomendada es de 0,8-1,0 g proteína / Kg de peso corporal /día, los requerimientos de proteínas son mayores durante la pubertad (childhood) y la adolescencia (National Research Council,1989).

Por ejemplo, los niños con edades entre 7 a 10 años deben consumir 1,1-1,2 g/kg por día y los niños entre 11 y 14 necesitan 1,0 g/kg por día (Ziegler y col., 1998).

Las proteínas proveen solo una fuente de energía menor durante el ejercicio aeróbico (Melby y col., 1998). Los adultos que realizan frecuentemente ejercicios intensos se pueden beneficiar de una ingesta de proteínas superior a la recomendada para la población general (Lemon y col., 1992), pero no existen datos similares para los niños.

Desde un punto de vista práctico, no está claro cuando y hasta que punto las diferencias relacionadas con la edad deben ser consideradas cuando se planifica la dieta de un niño atleta. Existe poca información con relación al consumo de proteínas de los jóvenes deportistas. Por ejemplo, las encuestas entre pequeños grupos de patinadores de figura sugiere que su ingesta de proteínas es adecuada o inclusive excede las cantidades recomendadas (Delistraty y col., 1992; Ziegler y col., 1998). Debe notarse, que la ingesta de proteínas suficiente para alcanzar las Ración Dietética Recomendada (RDA) podría no garantizar un adecuado estado nutricional. Por ejemplo, un estudio de adolescentes luchadores mostró que su nivel proteico se hacia cada vez peor a medida que avanzaba la temporada, a pesar de que reportaban un consumo que parecía ser suficiente (Horswill y col., 1990). Tal deficiencia relativa pudo haber sido secundaria a la práctica de "hacer el peso" a través de la restricción de la ingesta de energía. Además, tal restricción dietética entre luchadores universitarios puede inducir la perdida de masa libre de grasa (Roemmich y col., 1991), lo cual se refleja en un balance de nitrógeno negativo.

Necesidades de energía de los niños durante el ejercicio

Los datos obtenidos con los adultos han demostrado que las diferencias en los requerimientos diarios de energía entre los atletas dependen del volumen o la cantidad total de su entrenamiento y del costo de energía especifico de sus rutinas físicas. Por ejemplo, los atletas de resistencia que tienen grandes volúmenes de entrenamientos pueden necesitar el doble e inclusive el triple de ingesta de calorías por día que los velocistas o los gimnastas. Mientras la misma lógica se aplica a los atletas de todas las edades, no existen datos específicos para los niños que se entrenan regularmente.

Así mismo, no hay documentación con relación a la cantidad de energía que los niños atletas gastan mientras realizan rutinas especificas de sus deportes. Tal falta de información no permite ofrecer indicaciones de las demandas diarias de energía en un actividad en particular.

Sin embargo, existen razones para asegurar que los requerimientos de energía de los jóvenes atletas son diferentes a los de los adultos. El costo energético de la caminata o la carrera a cualquier velocidad, cuando se calcula por kg de masa corporal, es considerablemente mayor en los niños que en los adolescentes y los adultos; y mientras más joven es el niño, el costo relativo es mayor (Astrand, 1952; Daniels y col., 1978; Mac Dougall y col., 1983). Por ejemplo un niño de 7 años puede requerir entre 25 a 30% mas energía por kg de peso corporal que un adulto joven cuando ambos caminan o corren a la misma velocidad (Astrand, 1952). La principal razón para este "desgaste" relativo de energía, en los niños, es la falta de una adecuada coordinación entre los grupos de músculos agonistas y antagonistas. Durante la caminata y la carrera, los músculos antagonistas de los niños, particularmente en su primera década de vida, parecen no relajarse suficiente mientras los músculos agonistas se contraen. Este patrón denominado "co-contraccion", requiere energía metabólica adicional, lo cual hace a los niños menos metabólicamente económicos que los adolescentes y los adultos (Frost y col., 1997). Otra posible razón para este alto gasto metabólico, es un mayor costo de energía biomecánico debido a una mayor frecuencia de zancadas (Unnithan & Eston, 1990). Esto podría ser similar, aunque aun no esta comprobado, en otras actividades físicas como la natación el ski o el patinaje.

Una implicación practica de las diferencias descritas anteriormente en el costo de energía es que no se deben emplear las tablas basadas en adultos cuando se intente calcular el costo de energía de las actividades deportivas para los niños. Tales tablas, cuando se corrigen por masa corporal, tienden a subestimar el gasto de energía en los niños. Muy pocos intentos se han hecho por construir tablas de costo de energía para niños de diferentes pesos corporales (Bar-Or, 1983).

Es probable que el costo de energía disminuya a medida que la eficiencia de la ejecución de una rutina especifica de ejercicio se incrementa. Sin embargo, los datos experimentales ofrecen resultados poco consistentes con relación a tales efectos en los atletas jóvenes.

En un estudio longitudinal Daniels y col. (1978) evaluó a los mismos corredores de cross-country por varios años. Su promedio de costo de energía durante la carrera a una velocidad submaxima establecida se redujo a una tasa mas rápida que la observada previamente entre los no atletas. Desafortunadamente, la carencia de un grupo control en el estudio no permite determinar si la disminución observada en el costo de energía se debió a un efecto del entrenamiento o al envejecimiento. En un estudio mas reciente, Sjodin y Svedenhag (1992) evaluaron de forma periódica, a un pequeño grupo de varones corredores y a un grupo control entre los 12 a 20 años, Mientras el consumo de O2 a una velocidad sub- máxima establecida fue mas bajo en los atletas, no existió diferencia en la tasa de disminución a través del tiempo entre los dos grupos. Para confundir aun mas los resultados, en otro estudio, un programa de entrenamientos de 10 semanas fue acompañado por la reducción en el costo de energía en el grupo que se ejercitaba, pero no entre los del grupo control (Unnithan, 1993). En conclusión, los efectos del entrenamiento sobre el costo de energía de la actividad aun no están claros, tampoco se conoce si las consideraciones señaladas tienen una implicación directa con la nutrición.

Uso de fuentes de energía durante el ejercicio

Los análisis de los datos sobre respiración (Martinez & Haymes, 1992), la concentración potencial de grasas y carbohidratos en la sangre (Berg & Keul, 1988) y las actividades de las enzimas musculares (Haralambie, 1979) sugieren que durante el ejercicio prolongado, los niños usan relativamente mas grasas y menos carbohidratos que los adolescentes o los adultos. Datos no publicados (Riddell, comunicación personal) también sugieren que durante la adolescencia, los chicos mas jóvenes queman relativamente mas grasa y menos carbohidratos durante el ejercicio prolongado que los chicos mayores. Así mismo, durante actividades cortas e intensas los niños parecen depender mas sobre el metabolismo aeróbico (en el cual la grasa es la principal fuente de energía) que en el metabolismo anaerobico (el glucógeno muscular es la fuente de energía predominante) (Hebestreit et al., 1996).

Esta puede ser una razón por la cual los niños usualmente son menos exitosos en actividades "anaerobicas" de alta potencia como las carreras de velocidad o los saltos. Las causas de estas diferencias en el uso de las fuentes de energía aun no están claras. Tampoco se ha determinado si el hecho de que los chicos usen las grasas preferiblemente como sustrato energético tiene algunas implicaciones para las recomendaciones nutricionales. De la misma forma, no existen evidencias para sugerir que los niños atletas o no atletas deban consumir mas del 30% del total de su ingesta de energía como grasa.

Requerimientos de fluidos y electrolitos

Una implicación del incremento del gasto de energía durante el ejercicio es la producción de mas calor metabólico. Debido que el costo energético de realizar actividad física es elevado, los niños producen mas calor metabólico por unidad de masa corporal que los adultos (Bar-Or, 1989). A pesar de que este calor extra es disipado, la temperatura corporal puede incrementar y su almacenamiento, en situaciones extremas, podría inducir a enfermedades relacionadas con el calor. La evaporación del sudor es la principal vía para la disipación del calor en las personas que se ejercitan, particularmente en climas calientes.

Mientras el sudor es un mecanismo muy efectivo para el enfriamiento del cuerpo, este puede producir una excesiva pérdida de fluidos y en un menor grado, de electrolitos como el sodio y el cloro. Para prevenir esto, los fluidos y electrolitos del cuerpo deben ser totalmente repuestos. Desafortunadamente, nuestro mecanismo de la sed, el cual determina nuestro consumo de bebidas, casi invariablemente subestima el requerimiento actual de liquidos durante el ejercicio prolongado. La ingesta insuficiente de fluidos puede producir una "deshidratación voluntaria" (deshidratación que ocurre a pesar de que se ofrecen bebidas en abundancia).

Los efectos de la deshidratación han sido estudiados principalmente en los adultos, pero esta claro que las perdidas de fluidos corporales tienen efectos perjudiciales para el rendimiento y la salud. Las pruebas de fuerza, potencia y resistencia muscular local, usualmente no son afectadas de forma dramática por la deshidratación (Horswill, 1992). Sin embargo, nuestra habilidad para realizar y rendir, en rutinas de ejercicios de deportes intermitentes (ej. fútbol, baloncesto, tenis, etc.) o en rutinas de deportes similares, pueden ser aumentadas de forma importante si el atleta consume bebidas de carbohidratos y electrolitos antes y/o durante tales actividades (Davis et al., 1997; Leatt & Jacobs, 1989; Vergauwen et al., 1998; Welsh et al., 1999).

También, tal y como revisó Sawka & Pandolf (1990), se ha mostrado repetidamente que la deshidratación afecta adversamente el rendimiento en deportes de resistencia. De especial relevancia para los deportes que requieren de habilidades motoras finas y precisión (ej. Gimnasia, patinaje de figura, baloncesto) es una reducción de la agudeza mental. Por ejemplo, una persona deshidratada no puede notar ciertas pautas visuales (Leibowitz et al., 1972), y las pruebas mentales de rendimiento son incrementadas cuando las bebidas deportivas son consumidas antes y durante actividades intermitentes que simulan las competencias de baloncesto (Welsh et al., 1999). La perdida deliberada de fluidos para "hacer el peso" en deportes tales como la lucha o el remo puede tener efectos psicológicos negativos tales como agresividad, irritabilidad y ansiedad (Steen & Brownell, 1990). Mas importante aun, es que una excesiva deshidratación puede producir o agravar enfermedades relacionadas con el calor.

La deshidratación voluntaria ocurre en los chicos (Bar-Or et al., 1980; 1992; Rivera-Brown et al., 1999; Wilk & Bar-Or, 1996), así como en los adultos. Pero en los niños, la temperatura corporal durante la deshidratación se incrementa mas rápido que en los adultos (Bar-Or et al., 1980). Por lo tanto, es esencial prevenir o atenuar la deshidratación voluntaria en los atletas jóvenes. Patrones inadecuados de reemplazo de fluidos también pueden producir una insuficiencia de electrolitos. En particular, un descenso severo en la concentración de sodio en los fluidos corporales, una condición conocida como hiponatremia, puede producir enfermedades severas. Este descenso en la concentración de sodio puede ocurrir, por ejemplo, cuando el atleta repone las perdidas de orina y sudor consumiendo solo agua, la cual contiene poco o ningún sodio (Meyer & Bar-Or, 1994). Una de las consecuencias de la hiponatremia son los calambres musculares durante o después del ejercicio. La hiponatremia severa en los niños puede inducir a la apatía, nauseas, vómitos, reducción de la conciencia, mareos y en ocasiones inclusive la muerte.

¿Cómo se podría prevenir la deshidratación voluntaria en los jóvenes atletas?. La principal estrategia es aumentar la sed y educar a los deportistas (pero también al entrenador, los padres y el medico de equipo) a consumir fluidos frecuentemente, aun cuando no estén sedientos. La sed de los niños puede ser aumentada durante el ejercicio con una bebida saborizada, con la adición de cloruro de sodio (NaCl) y carbohidratos en cantidades usualmente encontradas en las bebidas deportivas ej.., 18 mmol NaCl/L (110 mg/8 oz) y 6% carbohidratos (14 g/8 oz) (Rivera-Brown et al., 1999; Wilk & Bar-Or, 1996).

En un estudio con niños no entrenados entre 9 a 12 años que se ejercitaron de forma intermitente en un clima caliente, el consumo voluntario se incremento en un 45 % cuando el sabor de uva fue añadido al agua. El consumo fue aumentado un 46% mas cuando los sujetos tomaron una bebida deportiva con sabor a uva, que contenía carbohidratos y sodio. La ingesta adicional cuando se combinaron los carbohidratos y el sodio fue suficiente para prevenir la deshidratación (Wilk & Bar-Or, 1996). También ocurrió un beneficio similar en jóvenes atletas entre 11 y 14 años muy aclimatados al ejercicio en climas calientes (Rivera-Brown et al., 1999). Esta ultima observación es importante debido a que los atletas entrenados, particularmente si están aclimatados al calor, producen mucho mas sudor que los no atletas, por lo tanto, sus requerimientos de fluidos son considerablemente altos.

El consumo elevado de una bebida de carbohidratos y electrolitos con sabor no ocurre solo debido a su novedad. En jóvenes entre 10 a 12 años, la deshidratación fue prevenida cuando a los niños se les suministro Gatorade durante varias sesiones de ejercicio en un período de 2 semanas en un clima caliente, inclusive cuando la novedad de la bebida había pasado (Wilk et al., 1998).

Estudios con adultos han demostrado que enfriando las bebidas a aproximadamente 10ºC se hacen mas aceptables que a temperatura ambiente. Tal enfriamiento produce un incremento en el consumo voluntario. Sin embargo, no existen estudios similares con niños, pero es razonable asumir que ellos pueden obtener el mismo beneficio cuando la bebida está fría. Por otra parte, la adición de tabletas de sal debe ser desalentada, porque tales tabletas contienen excesivas cantidades de sal, que puede causar irritación estomacal.

APLICACIONES PRACTICAS

Las limitadas investigaciones que han sido realizadas con niños activos sugieren las siguientes recomendaciones:

* A pesar de que los jóvenes atletas usualmente tienen suficientes proteínas en su alimentación diaria, se debe prestar atención especial a aquellos que limitan su ingesta de alimentos para mantener o perder su peso corporal. Tales atletas pueden incurrir en una perdida neta de proteínas corporales y masa corporal magra, lo cual puede comprometer su salud y su rendimiento deportivo.

* Durante varias actividades atléticas, los niños emplean mas energía por Kg de peso corporal que los adultos. Por lo tanto, las tablas basadas en adultos para la estimación del gasto de energía en un determinado deporte, puede subestimar las necesidades actuales de los niños. Como guía práctica, para los niños entre los 8 a10 años, se podría añadir entre 20 a 25 % de los valores de los adultos y entre 10 a 15 % para los niños entre los 11 y 14 años.

* Al igual que los adultos, los niños subestiman sus necesidades de fluidos durante un ejercicio que dure mas de 30 minutos. Debido a que los niños responden a la deshidratación con un excesivo incremento en su temperatura corporal, se debe hacer un gran esfuerzo para prevenir la deshidratación inducida por el ejercicio en los jóvenes atletas.

* Debe asegurarse que los niños lleguen bien hidratados a la sesión de ejercicio o competencia y establecer pausas para hidratación cada 15 a 20 minutos durante actividades prolongadas, inclusive cuando el niño no se sienta sediento. De ser necesario, las reglas de ciertos deportes deben ser modificadas para facilitar una ingesta periódica de fluidos.

* El pesaje del atleta antes y después de la sesión de entrenamientos o competencias es una simple y efectiva manera de determinar cuando la ingesta de fluidos fue adecuada. Los cambios en el peso corporal son causados casi totalmente por las variaciones en el contenido de fluidos. A los niños que no consuman suficiente para recuperar su peso corporal normal entre las practicas o competencias, se les debe sugerir que ingieran una cantidad adecuada de fluidos antes de que se les permita participar en una practica posterior o una competencia.

* Enfriar la bebida a la temperatura del refrigerador y, en particular, añadiéndole sabor, se puede incrementar su aceptación. Los niños consumen mas de forma voluntaria cuando el sabor es agradable. Por lo tanto, las bebidas saborizadas deben estar disponibles para satisfacer las preferencias de sabor de cada atleta y consumirlas antes, durante y después de cada sesión de entrenamientos o competencias.

* La adición de azúcar y una pequeña cantidad de sal a la bebida puede incrementar aun más la sed del niño e incrementar así su consumo. Las bebidas deportivas comercialmente disponibles contienen estos elementos, y tales bebidas son consumidas en cantidades mayores que el agua, un jugo de frutas diluido o bebidas hechas en casa (Passe et al., 1999; Rivera-Brown et al., 1999).

RESUMEN

La mayoría de las investigaciones en nutrición deportiva han sido realizadas con adultos. A pesar de que las respuestas fisiológicas de los niños al ejercicio son similares, existen algunas diferencias en estas respuestas que pueden tener implicaciones para los requerimientos nutricionales de los atletas jóvenes. Los entrenadores, padres y médicos de equipo deben ser cuidadosos a los requerimientos de proteínas de los jóvenes atletas; las diferencias relacionadas al gasto de energía durante el ejercicio; la disparidad entre los niños y adultos en la utilización de grasas y carbohidratos durante el ejercicio prolongado y las formas de aumentar la ingesta de fluidos durante el ejercicio para prevenir la deshidratación, particularmente en climas calientes y húmedos.

REFERENCIAS

Åstrand, P-O. (1952). Experimental Studies of Physical Working Capacity in Relation to Sex and Age. Copenhagen: Munksgaard.

Bar-Or, O. (1983). Pediatric Sports Medicine for the Practitioner. From Physiological Principles to Clinical Applications. Berlin: Springer-Verlag.

Bar-Or, O. (1989). Temperature regulation during exercise in children and adolescents. In: C.V. Gisolfi and D.R. Lamb (eds.) Perspectives in Exercise Science and Sports Medicine, Vol. 2, Youth, Exercise, and Sport. Carmel, IN: Cooper Publishing Group, pp. 335-367.

Bar-Or, O., C.J.R. Blimkie, J.A. Hay, J.D. Macdougall, D.S. Ward, y W.M. Wilson (1992). Voluntary dehydration and heat intolerance in cystic fibrosis. Lancet 339: 696-699.

Bar-Or, O., R. Dotan, O. Inbar, A. Rothstein, y H. Zonder (1980). Voluntary hypohydration in 10- to 12-year-old boys. J. Appl. Physiol. 48: 104-108.

Benardot, D., M. Schwarz, y D.W. Heller (1989). Nutrient intake in young, highly competitive gymnasts. J. Am. Diet. Assoc. 89: 401-403.

Berg, A., y J. Keul (1988). Biochemical changes during exercise in children. In: R.M.

Malina (ed.) Young Athletes/Biological, Psychological and Educational Perspectives. Champaign, IL: Human Kinetics, pp. 61-77.

Daniels, J., N. Oldridge, F. Nagle, y B. White (1978). Differences and changes in VO2 among young runners 10 to 18 years of age. Med. Sci. Sports 10: 200-203.

Davis, J.M., D.A. Jackson, M.S. Broadwell, J.L. Queary, y C.L. Lambert (1997). Carbohydrate drinks delay fatigue during intermittent, high-intensity cycling in active men and women. Int. J. Sport Nutr. 7: 261-273.

Delistraty, D.A., E.J. Reisman, y M. Snipes (1992). A physiological and nutritional profile of young female figure skaters. J. Sports Med. Phys. Fit. 32: 149-155.

Ersoy, G. (1991). Dietary status and anthropometric assessment of child gymnasts. J. Sports Med. Phys. Fit. 31: 577-580.

Frost, G., J. Dowling, K. Dyson, y O. Bar-Or (1997). Cocontraction in three age groups of children during treadmill locomotion. J. Electromyog. Kinesiol. 7: 179-186.

Haralambie, G. (1979). Skeletal muscle enzyme activities in female subjects of various ages. Bull. Europ. Physiopath. Resp. 15: 259-266

Hebestreit, H., F. Meyer, Htay-Htay, G.J.F. Heigenhauser, and O. Bar-Or (1996). Plasma metabolites, volume and electrolytes following 30-s high-intensity exercise in boys and men. Eur. J. Appl. Physiol. 72: 563-569.

Horswill, C.A. (1992). Applied physiology of amateur wrestling. Sports Med. 14: 114-143.

Horswill, C.A., S.H. Park, y J.N. Roemmich (1990). Changes in the protein nutritional status of adolescent wrestlers. Med. Sci. Sports Exerc. 22: 599-604

Leatt, P.B., y I. Jacobs (1989). Effect of glucose polymer ingestion on glycogen depletion during a soccer match. Can. J. Sport Sci. 14: 112-116.

Leibowitz, H.W., C.N. Abernathy, E.R. Buskirk, O. Bar-Or, y R.T. Hennessy (1972). The effect of heat stress on reaction time to centrally and peripherally presented stimuli. Hum. Factors 14: 155-160.

Lemon, P.W.R, M.A. Tarnopolsky, J.D. Macdougall, y S. Atkinson (1992). Protein requirements and muscle mass/strength changes during intensive training in novice bodybuilders. J. Appl. Physiol. 73: 767-775.

Loosli, A.R., y J. Benson (1990). Nutritional intake in adolescent athletes. Pediatr. Clin. N. Am. 37: 1143-1153.

Macdougall, J.D., P.D. Roche, O. Bar-Or, and J.R. Moroz (1983). Maximal aerobic capacity of Canadian school children: prediction based on age-related oxygen cost of running. Int. J. Sports Med. 4: 194-198.

Martinez, L.R., and E.M. Haymes (1992). Substrate utilization during treadmill running in prepubertal girls and women. Med. Sci. Sports Exerc. 24: 975-983.

Melby, C.L., S.R. Commerford, and J.O. Hill (1998). Exercise, macronutrient balance, and weight control. In: D.R. Lamb and R. Murray R (eds.) Perspectives in Exercise Science and Sports Medicine, Vol. 11, Exercise, Nutrition and Weight Control. Carmel, IN: Cooper Publishing Group, pp. 1-60.

Meyer, F., and O. Bar-Or (1994). Fluid and electrolyte loss during exercise: the pediatric angle. Sports Med. 18: 4-9. National Research Council (1989). Recommended Dietary Allowances, 10th ed. Washington, D.C.: National Academy Press.

Nelson-Steen, S. (1996). Nutrition for the school-aged child athlete. In: O. Bar-Or (ed.) The Child and Adolescent Athlete. Oxford, England: Blackwell Scientific, pp. 260-273.

Passe, D.H., M. Horn, and R. Murray (1999). Palatability and voluntary intake of sports beverages, diluted fruit juice, and water during exercise. Med. Sci. Sports Exerc. (abstract). 31: S322.

Rivera-Brown, A.M., R. Gutierrez, J.C. Gutierrez, W.R. Frontera, and O. Bar-Or (1999). Drink composition, voluntary drinking, and fluid balance in exercising, trained, heat-acclimatized boys. J. Appl. Physiol. 86: 78-84.

Roemmich, J.N., W.E. Sinning, and C.A. Horswill (1991). Seasonal changes in anaerobic power, strength and body composition of adolescent wrestlers. Med. Sci. Sports Exerc. (abstract). 23: S29.

Sawka, M.N., and K.B. Pandolf (1990). Effect of body water loss on physiological function and exercise performance. In: C.V. Gisolfi and D.R. Lamb (eds.) Perspectives in Exercise Science and Sports Medicine, Vol. 3, Fluid Homeostasis during Exercise. Carmel, IN: Cooper Publishing Group, pp.1-30.

Schemmel, R.A., E. Ryder, J.A. Moeggenberg, et al. (1988). Comparison of nutrient intakes between elite wrestlers and runners. In: E.W. Brown and C.F. Branta (eds.) Competitive Sports for Children and Youth. Champaign, IL: Human Kinetics, pp. 27-38.

Sjodin, B., and J. Svedenhag (1992). Oxygen uptake during running as related to body mass in circumpubertal boys: a longitudinal study. Eur. J. Appl. Physiol. 65: 150-157.

Steen, S.N., and K.D. Brownell (1990). Patterns of weight loss and regain in wrestlers: Has the tradition changed? Med. Sci. Sport Exerc. 22: 762-768.

Unnithan, V. (1993). Factors Affecting Running Economy in Children. Unpublished Ph.D. Dissertation. University of Glasgow, Glasgow, Scotland. Unnithan, V., and R. Eston (1990). Stride frequency and submaximal treadmill running economy in adults and children. Pediatr. Exerc. Sci. 2: 149-155

Welsh, R.S., S. Byam, W. Bartoli, J.M. Burke, H. Willians, and J.M. Davis (1999). Influence of carbohydrate ingestion on physical and mental function during intermittent high-intensity exercise to fatigue. Med. Sci. Sports Exerc. (abstract). 31: S123.

Wilk, B., and O. Bar-Or (1996). Effect of drink flavor and NaCl on voluntary drinking and rehydration in boys exercising in the heat. J. Appl. Physiol. 80: 1112-1117.

Wilk, B., S. Kriemler, H. Keller, and O. Bar-Or (1998). Consistency of preventing voluntary dehydration in boys who drink a flavored carbohydrate-NaCl beverage during exercise in the heat. Int. J. Sports Nutr. 8: 1-9.

Vergauwen, L., F. Brouns, and P. Hespel (1998). Carbohydrate supplementation improves stroke performance in tennis. Med. Sci. Sports Exerc. 30: 1289-1295.

Ziegler, P.J., C.S. Khoo, P.M. Kris-Etherton, S.S. Jonnalagadda, B. Sherr, and J.A. Nelson (1998). Nutritional status of nationally ranked junior US figure skaters. J. Am. Diet Assoc. 98: 809-811.

Este articulo ha sido traducido y adaptado de: Nutrition for child and adolescent SSE #77 Volume 13 (2000), Number 2

Fuente: Oded Bar-Or, MD. - Centro de Nutrición y ejercicio para niños Universidad de Mc Master Hamilton, Ontario Canadá

Nutrición deportiva para niños y adolescentes atletas, proteinas, hidratos, grasa. Volver

 

 

Copyright © 2000 - 2003 - TRAINERMED. - Personal Trainer. Todos los derechos reservados.Términos y condiciones de uso general.

Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de www.trainermed.com