SALUD
TRAS LA MENOPAUSIA
Hay que sudar la camiseta para mantener
la masa ósea

Nada
de paseos y ejercicios suaves. Para evitar la pérdida de masa ósea,
lo mejor es realizar un programa de actividad intenso. Cuatro días a
la semana que incluyan carreras, saltos, aerobic, pesas, etc. Pero de
forma controlada y progresiva. La mujer que esté dispuesta a cambiar
así sus hábitos de vida conseguirá además reducir sus niveles de colesterol
y presentarán menos molestias en su espalda. Todo un desafío.
En los primeros
años de la menopausia es cuando se produce la mayor pérdida ósea. Con
la disminución de los niveles de estrógenos también aumenta el riesgo
coronario en estas mujeres.
Aunque ya se conocía
los beneficios del ejercicio en la prevención de enfermedades cardiovasculares,
los estudios llevados a cabo para evaluar el efecto de éstos sobre la
estructura y densidad ósea son contradictorios. Por este motivo, investigadores
de la Universidad de Erlangen (Alemania) han desarrollado un trabajo
de dos años de duración para valorar los posibles beneficios de un programa
de actividad intenso en 50 mujeres postmenopáusicas de entre 48 y 60
años.
El estudio, publicado
en 'Archives
of Internal Medicine', estableció dos grupos. Treinta y tres participantes
no recibieron ningún tipo de entrenamiento y siguieron con sus hábitos
de vida normales (grupo control) y 50 mujeres se sometieron a cuatro
sesiones semanales de ejercicio de 60 minutos de duración cada una,
la mitad de las sesiones las realizaron en su hogar.
El programa fue
gradual y controlado por un monitor. Durante los primeros tres meses
se pasó progresivamente de un paseo rápido a una carrera de 20 minutos.
Pasado ese tiempo, se introdujo 10 minutos de ejercicios aeróbicos de
bajo a alto impacto. Al quinto mes se comenzó con una secuencia de saltos.
También se llevaron
a cabo sesiones de fuerza y resistencia utilizando máquinas y
otros ejercicios isométricos, cintas elásticas, pesas, etc. Éstas fueron
aumentando de intensidad con el transcurso de los meses. Antes y después
de estos ejercicios y durante los periodos de descanso se establecieron
secuencias de elasticidad y flexibilidad.
A los dos años,
los investigadores encontraron que los ejercicios habían mejorado
la elasticidad y la resistencia, la densidad ósea de las participantes
de este grupo permaneció estable e incluso aumentó en la columna. Por
el contrario, aquellas mujeres que no modificaron sus hábitos siguieron
con la misma preparación física y experimentaron una pérdida ósea.
Además se pudo constatar
una reducción de los niveles de colesterol total y triglicéridos
en las participantes del grupo de ejercicios, mientras que esas concentraciones
aumentaron en el otro grupo. Las mujeres que aumentaron su actividad
también experimentaron mejor humor y un grado menor de insomnio.
Más
ventajas
Otro
dato a tener en cuenta, fue que hubo un menor número de episodios
de dolor de espalda en las mujeres que durante ese tiempo hicieron
gimnasia, a pesar de que en otros estudios se había observado lo contrario.
Según los autores, esta reducción se ha logrado gracias a un programa
de ejercicios controlado y supervisado.
“Durante los primeros
meses del estudio el régimen de ejercicios fue aumentando lentamente”,
explican los autores que comentan que sólo hasta el quinto mes no se
comenzaron las actividades de alta intensidad para reducir el riesgo
de lesiones. “También demostramos que los programas de ejercicio a largo
plazo pueden mantenerse con una razonable tasa de asistencia”.